AMOR PATRIÓTICO
El cielo revienta en colores por los fuegos artificiales, pero a Dean le importa una mierda.
Tiene a Sam contra el capó del Impala en un arcén de Dakota.
Del Norte.
O del Sur.
Da igual. Tiene a su hermano con las piernas abiertas, los pantalones bajados hasta las rodillas, las manos agarradas al parachoques y pidiendo más.
—¿Esto es lo que querías celebrar, Sammy?
Dean le muerde el cuello mientras le embiste. Odia el sonido atronador de los fuegos artificiales. No le dejan disfrutar del verdadero espectáculo.
—¿Tú qué crees, idiota?
Sam jadea. Tiene la boca de Dean en la oreja, sus mejillas arden como bengalas y están a menos de tres sacudidas de correrse.
—Feliz cuatro de julio.
Cuatro de julio a cuatro apoyos perfectos.
Se corren como si los cohetes les estallaran bajo la piel.
Claro que lo están celebrando.
No hay amor más patriótico.
Hace tiempo que entendieron que el otro siempre fue su país.
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