miércoles, 21 de mayo de 2025

Capítulo 1: Carretera (Siempre es lo mismo)

Os comparto el primer capítulo de Siempre es lo mismo. Un fanfic que escribí por capítulos y traté como si fuera un caso que los Winchester tienen que investigar, como un episodio más de SPN. También os dejo sinopsis y notas.
Iré subiendo un capítulo en cada entrada.
Podéis leer el fic completo -7 capítulos- también en AO3, justo aquí.

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Clasificación: Explícito
Categoría: M/M (Hombre/Hombre)
Fandom: Supernatural (Serie de TV, 2005)
Relaciones: Dean Winchester/Sam Winchester | Dean Winchester & Sam Winchester
Personajes: Dean Winchester, Sam Winchester, Will Blake (personaje original), June Blake (personaje original)

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Siempre es lo mismo
Fatima_O

Sumario:
Siempre es lo mismo.
Carretera. Motel. Desayunar. Investigar. Discutir. Cazar. Hermanos.
Siempre es lo mismo. Hasta que deja de ser lo mismo.

Van a cazar un dullahan. Will Blake, un viejo amigo de su padre, les ha pedido ayuda.



Fanfic situado tras el 1x20.

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Notas:
A veces siento que estoy contando la misma historia una y otra vez. La misma, pero distinta. La misma, pero con otras palabras, con otros matices, con otras heridas.
Es la historia que llevo dentro. No sé si algún día dejaré de escribirla. Tampoco es que quiera.

***

Para los que no os cansáis de leer esta historia que es la misma y no lo es.
Para los que sentís el calor dentro del Impala, la música a tope y un asfalto interminable bajo las ruedas.
Vamos a recorrer de nuevo esta carretera que conocemos de memoria. La misma, pero distinta.

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Sumario:
Siempre es lo mismo.
Dean conduce. Sam mira el mapa. Hermanos.

1 - CARRETERA


 

Siempre es lo mismo.

Dean conduce. Sam mira el mapa. Hermanos.

 

Hablan de monstruos, de armas, de John. A veces discuten. A veces no. A veces hay música. A veces hay hasta conversaciones.

A veces Dean va de copiloto.

Va a dejar que Sam conduzca hasta Lo Acabo De Mirar En El Mapa, pero ni de coña hasta Minnesota. Sólo quiere echarse una cabezada hasta el próximo motel porque la carretera es un aburrimiento sin vallas publicitarias y Sam conduce como una puta ancianita.

La noche acaba de desplomarse aplastando las últimas manchas rojas del cielo. Todavía están en Colorado. Un bostezo infinito que se abre paso entre masas arcillosas y sordas que se apelotonan tras las ventanillas, mientras el interior del Impala huele a canciones de la Creedence.

Van a cazar un dullahan. Will Blake, un viejo amigo de su padre, les ha pedido ayuda.

—¿William Blake? ¿Como el poeta?

Sam levanta las cejas y aparta la vista de la carretera un segundo. Mientras lo pregunta, se da cuenta de que Dean ni siquiera sabe de quién le está hablando. No debería sorprenderle tanto, su hermano nunca ha sido un genio de la literatura. Decide callarse porque, además de poeta, Blake fue un excelente pintor y grabador británico.

—El Blake que yo recuerdo no sabe ni lo que es un poema, Sam. Le gustaba cazar venados, beber cerveza y jugaba al póker como si nunca fuera a perder.

Dean lo dice con ese tono que apesta a nostalgia y que a veces se le escapa cuando habla de gente que respetaba de crío. Sam lo capta al instante.

—Me quiere sonar, pero no me acuerdo. Ni que papá hablara de él.

Sam deja caer el comentario y Dean hunde los ojos en el mapa. Seguro que su hermano ya se está montando su propia película donde John es el malo y se la jugó a su amigo.

Will Blake no es precisamente una leyenda entre cazadores. Su nombre suena en los bares y no siempre para bien. Alguna historia sobre que se metió en algo que no debía. Algún rumor de que cruzó una línea que nadie debería cruzar. Nada lo bastante claro como para que Dean se lo tome en serio.

O sí.

Pero Will le ha pedido ayuda porque John sigue desaparecido.

Y Dean va a dársela, aunque no es lo que más le apetezca.

Lo que soñó la pasada noche no tenía nada que ver con ir hasta tomar por culo, ni con cazar a un jinete sin cabeza, ni con dejar que su hermano condujera. Lo que soñó tenía más que ver con piel, fricción, calor, sudor y un suspiro como el que, en ese instante, sale de la boca de Sam.

—Joder, Sammy, ¿cuándo fue la última vez que soltaste un suspiro de esos y que no fuera por estrés?

Dean le mira de reojo, con algo parecido a la condescendencia. Su hermano está tan tenso que va a desintegrar el volante como siga agarrándolo con tanta fuerza.

Después parpadea. No debería estar fijándose en sus dedos. Largos, fuertes, ágiles.

 

I put a spell on you, because you're mine.

You better stop the thing that you're doin’

I said: Watch out, I ain’t lyin’.

 

Sam tiene que ser bueno. Muy bueno con los trabajos manuales. No sólo por el tamaño de sus dedos, sino por cómo los mueve.

 

Joder.

Dean se revuelve en el asiento del copiloto. Lo siente más apretado que hace un segundo, más estrecho, más duro, más caliente. O quizá no es el asiento. Baja la ventanilla y el aire nocturno es una perversión de polvo que ha guardado el calor rencoroso de todo el día.

—Hace demasiado calor aquí dentro, ¿no?

Sofocante.

—No.

Para Sam la temperatura es la misma desde hace millas. Es una de las ventajas de llevar la vista fija en la carretera.

—Me han hablado de un bar cerca de Ely.

Cuando Dean se lo comenta, Sam oye quiero ir a ese bar de Minnesota porque hay chicas. Y por supuesto, nadie le ha hablado de ese bar. Ya ha estado allí. Porque su hermano no conoce a nadie que le hable de bares ni de nada.

Al pensarlo, se le escapa otro suspiro sin querer. No de estrés. Mucho menos de placer.

—Tenemos que resolver un caso, Dean.

Sam le sermonea con una paciencia mayor a la reserva de gasolina.

—Necesitas relajarte, hermano. En serio, ¿cuánto hace que ni siquiera te la cascas?

Ahora Dean se está fijando en sus bíceps.

 

Genial.

 

Y no puede bajar más la ventanilla.

 

—Eres un imbécil.

Sam lo gruñe mientras le lanza una mirada fulminante y estrangula aún más el volante. Nota que Dean le está mirando. Mucho. Y no de manera normal. No es una de esas miradas con las que dice un relájate, conoce gente, diviértete, con lo que siempre le da la lata porque cree que es lo que debería querer. Lo que los dos deberían querer.

Dean carraspea, aparta la vista de Sam y se pasa la lengua por los labios, como si así pudiera humedecerse también los ojos.

Acaban de dejar atrás un pueblo que se llama como la cara preferida de Sam. Limón.

Faltan 1108 millas hasta Ely.

Demasiado.

—Un imbécil con vida sexual, Sammy.

Un imbécil con vida.

Dean se restriega la cara. Traga saliva. Se retuerce en el asiento. Está sudando. El Impala devora la carretera, milla a milla, tramo a tramo. No puede estar mirándole la entrepierna a su hermano y preguntarse si el resto de Sam va a proporción de sus dedos y sus brazos.

Necesita arrancarse todo lo que piensa, todo lo que siente, todo lo que sueña.

Faltan 1107 millas hasta Ely.

Demasiado poco.

—Te invito a un par de rondas en Ely cuando nos carguemos a ese cabrón decapitado. Quizá, incluso encuentres a alguien con quien hacer cosas no monásticas.

No es lo que Dean quiere, pero es lo que debería querer.

A la mierda eso que dicen de no renuncies a tus sueños. Nadie sueña con follarse a su propio hermano.

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